Mamilatte | Viajar con niños. Visión Montessori
16714
post-template-default,single,single-post,postid-16714,single-format-standard,qode-lms-1.0,qode-social-login-1.0.1,woocommerce-no-js,tribe-no-js,ajax_fade,page_not_loaded,, vertical_menu_transparency vertical_menu_transparency_on,qode-title-hidden,qode_grid_1200,footer_responsive_adv,hide_top_bar_on_mobile_header,qode-content-sidebar-responsive,columns-4,qode-theme-ver-17.2,qode-theme-bridge,disabled_footer_top,qode_header_in_grid,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.7,vc_responsive

Viajar con niños. Visión Montessori

Son numerosas las consultas que me llegan sobre viajar con niños cuando se acercan los periodos vacacionales, así que hoy voy a dar respuesta a muchas de estas cuestiones desde mi visión Montessori y mi observación personal de la infancia.

En Montessori, el período de edad de los 6 primeros años de vida se conoce como mente absorbente y se refiere a la potente capacidad del cerebro del niño para absorber toda la información de su entorno e integrarlo en su persona. Hoy en día la ciencia se refiere al término de plasticidad cerebral como la habilidad del cerebro infantil para modelarse y adaptarse.

Dicho esto, puede parecer lógico que si el niño esta tan abierto a aprender, captar y adaptarse, pues démosles el mayor número de experiencias posibles. En el tema que nos acontece sería llevarlo a viajar y a conocer mundo en todo su esplendor.

Observar a los niños en estos 15 años de carrera profesional, como psicóloga, como madre y también con mis formación de guía Montessori y de neurociencia, me permiten afirmar que esto no es del todo así.

Es cierto que el niño está captando todo el rato, como si tuviera un aspirador va aspirando lo que encuentra y lo hace de una manera muy distinta a nosotros. Nosotros miramos al horizonte al mar para gozarlo y relajarnos, mientras el niño mira al suelo, pero no sólo lo mira sino que hunde sus deditos en la arena.

Y es que el ámbito de interés de un niño de 0-6 años es más enfocado, más macro, más al detalle. Mientras tanto, en la mente adulta miramos más desde una perspectiva más global, más como una fotografía panorámica.

De otro modo el niño de preescolar está ávido de sentirse seguro, su sentido de supervivencia es muy puro. Por ello, un ambiente en el que su referente esté siempre presente y conectado con él será su ancla para sentirse cómodo y desear explorar su mundo. Un mundo que debe mostrarse simple e ir incrementando las dificultades a medida que se produce el crecimiento.

Un entorno estable, conocido, donde el niño pueda conocer el orden de las cosas y las personas y de los hechos que se producen genera unas condiciones de calma para poder poner la atención tranquila en su ambiente. Si ese ambiente es muy cambiante y su adulto no está presente, el niño no puede lograr poner el foco, porque tienen que invertir su energía en mantenerse alerta ante cualquier cambio que pueda mermar su supervivencia.

En el ejemplo que os ponía del mar, le mostramos efusivamente ese mar de la otra punta del planeta al niño, entusiasmados por enseñarle algo tan grandioso y el niño ni siquiera dirige su mirada allí, está absorto rebozándose cual croqueta y hasta incluso manipula una colilla que ha descubierto… En ese momento nos podemos sentir algo frustrados y nos preguntamos, ¿para qué hemos salido de casa tan lejos? Y así es, ese niño de menos de 6 años disfrutaría tanto en las Bahamas como en el arbusto que tienes a 10 metros de tu casa aunque estés en la ciudad más urbanita.

El niño tan sólo necesita que viajes con él a las profundidades de lo que tienes delante, y observes con todos tus sentidos tal y como él lo hace. Es muy probable que para ti sea más fácil montarte en un avión que te lleve a las 1.000 leguas que viajar a través de los ojos del niño, a todos nos pasa, nuestro cerebro adulto está en otra “dimensión”. Te puedo asegurar que este último viaje no te resultará tan fácil, pero si más fascinante y te llenará totalmente aunque no hagas el VIAJE.

Como te comentaba entre líneas el niño necesita un adulto presente al 100% que responda a sus necesidades en todo momento, un ambiente que no cambie demasiado, unos hábitos o rutinas organizados y similares, siempre dentro de una flexibilidad.

Así cuando compras ese pasaje a tus vacaciones de ensueño y te embarcas con un niño de menos de 6 años debes de saber esto, ya que es muy probable que en algún momento o momentos tus expectativas van a chocar con las necesidades de ese niño: porque cuando tú consigues salir de tu alojamiento y andas 100 metros para disfrutar de tu playa, de tu río, de tu montaña, de tu camping, de tu monumento soñado ese niño tiene sed y cuando consigues el agua, tal vez tenga hambre y cuando sacias el hambre se ha hecho caca y cuando consigues emprender camino de nuevo le ha entrado el sueño y así, vuelta a empezar.

Salir de vacaciones fuera es tu necesidad, no la suya, y es lícita porque si tú estás bien el niño se beneficia. Por eso estudia bien cómo vas a gestionar tu salida, sal tan cerca o tan lejos como tu alma te pida. Al salir deja tus expectativas en un cajón, sal con una mente slow y sigue al niño, ya que sino maldecirás el día que reservaste en ese sitio. Esto es lo que oigo a menudo en vacaciones: “qué ganas tengo de que empiece el colegio!”, sin duda detrás de esta frase hay un choque frontal y directo de expectativas.

En nuestra familia teníamos muy claro que nos era tan saludable ir a Bali como a Malpartit (un pueblito muy cercano) y no hacer muchos planes. Por trabajo, hemos tenido que viajar más lejos en este periodo de vida de nuestros hijos y estar en la otra punta del mundo y no poder ver todo lo que te gustaría es ciertamente frustrante, y aún más es hacerlo sin satisfacer las necesidades del niño, ya que este se pone en alerta máxima y se muestra emocionalmente más irascible (recordad está poniendo todo su foco en sobrevivir y sus emociones se desatan, y es normal porque ellos no saben muy bien lo que va a pasar).

Entonces si has tenido que irte lejos o tu espíritu te llevo a ese lugar, para, observa con esos ojos del niño, disfruta de ese papel arrugado del ticket de tu pueblo de al lado o de Japón que hace un sonido especial y que se siente entre tus manos, porque es ahí donde has venido a viajar. Viaja a los detalles sensoriales que te muestra ese pequeño guía turístico del destino SENSORIALIDAD.

Tu otro viaje adulto es lo que llamo yo una visita panorámica, y el sensorial no lo podrás disfrutar mucho años, así que disfrútalo.

Decirte que la mente del niño acercándose a los 6 años empieza a cambiar y parecerse más a la tuya…

Concluyendo, te líes o no la manta a la cabeza con tu viaje, reduce tus expectativas y saca el lado positivo de disfrutar de ese lugar con el mejor guía turístico que jamás podrás encontrar, el maestro de la atención plena.

Aunque tu ambiente cambie, mantente presente y disponible para responder al niño y gozareis de una buena jornada.

Felices viajes y felices vacaciones.

Hasta pronto!!!

Si te ha gustado el artículo no dudes en compartilo para ayudar a más famílias.

Puedes seguir nuestro día a día en Instagram y facebook como Mamilatte.

Recuerda que puedes seguir mis talleres online AQUÍ.

Los presenciales próximos serán estos.

No Comments

Post A Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.