Educar a la infancia es uno de los mayores retos a los que se puede enfrentar una persona, sea madre, padre, educador o maestro.

Para educar es fundamental entender cómo funciona nuestro cerebro y el cerebro de los niños. Gracias a todos los avances en neurociencia tenemos muchísima información valiosa al respecto. Esta es una de las cosas que trabajamos muchísimo en mis talleres de Disciplina positiva y que nos revela muchísimo acerca de nosotros y de los niños.

Así, sabemos que las funciones ejecutivas, es decir, esas áreas cerebrales que nos hacen ser HUMANOS no se desarrollan por completo  hasta los 30 años de vida. Entre estas funciones se encuentran la empatía o el tener en cuanta al otro, anticipar lo que pasará o planificar, solucionar un problema o controlar las emociones, entre otras.

Fijaos entonces que tanto si hablamos de un recién nacido, como de un adolescente, estamos hablando de un cerebro inmaduro.

Esta falta de desarrollo se acusa sobre todo en la etapa pre-escolar de los cero a los 4,5 años, etapa en la que los niños poseen unas funciones ejecutivas muy verdes no, lo siguiente.

Ante esta circunstancia el cerebro de un niño se mueve a merced de la amígdala cerebral, centro emocional primario que pone al niño en situación de huída, ataque o bloqueo.

Estos días post-navideños merecen especial reflexión sobre algo extensible a todas las temporadas, y que está a la orden del día.

El niño está entusiasmado con los regalos navideños, son SU REGALO, SU TESORO. Mencionemos también que está en etapa egocéntrica total de los cero a los 6 años, y lo suyo es suyo y lo del vecino también es suyo.

Bien, observemos esa típica imagen en la que el niño se lleva SU REGALO al parque “Tal” a casa del primito o del amiguito “Pascual” al que llega con su TESORO bajo el brazo. De repente, el adulto de turno ve acercarse al otro niño en cuestión, con ojillos “corderiles” que miran fijamente al TESORO y el adulto decide hacer su actuación estelar y contribución al mundo educativo diciendo algo así: “Manolito deja TU REGALO a Pascual un ratito para que juegue, hay que compartir”. Inmediatamente la amígdala de Manolito interpreta la situación y se pone a trabajar a destajo. Manolito percibe peligro, suenen las alarmas (quieren quitarme algo mío, MI TESORO!!!. El cerebro envía señales al cuerpo que se tensa, el corazón va a mil, las fosas nasales se abren y empieza la respiración a mansalva. Por último, el niño decide hacer algo con todo eso que nota. Así que bien la atiza un trasquilón a Pascual con el juguete, o huye en plan “tonto el último, MI TESORO es mío!! Y que me busquen!!! O se queda paralizado cede y se queda en estado de shock y acto seguido o ya en casa ante nada que parezca haberlo provocado llora y se tira dando cabezazos pudiendo pasar el casting en primera opción para interpretar la segunda saga del niño del exorcista.

Y es que los adultos somos así, pensamos que su cerebro es el nuestro y que SU TESORO es para compartir y seguimos instalados en la creencia de que a los niños hay que enseñarles a compartir obligándoles/motivandoles a compartir sus pertenencias.

Ya escribí un artículo sobre esto, pero estos días mi olla hierve a borbotones con imágenes de este tipo que capta mi retina y tenía que soltarlo.

Necesitamos abrir conciencias y ver que lo que para ti es de un color, para ellos, los niños es de otro bien distinto y debemos respetar lo que es suyo y no obligar ni incitar a compartir algo si no sale de ellos.

Me parece negligente y muy poco responsable hacerlo. Porque  todo esto…tu no compartes tu coche con el primero que te para en la calle, verdad?…

Pero no queda solo en el objeto físico la cosa, me gustaría por favor que mires más allá. Si obligamos a compartir las cosas a nuestros niños qué les estamos enseñando? Qué lo suyo es de otros? Y qué te parecería si alguien le incitará a compartir su cuerpo? Pensarías que no es para tanto?

Y si ese niño o niña integra en sus esquemas cerebrales que lo suyo es también de otros y que no pasa nada, pensarías también que es algo vanal si se topa en su vida adulta con una persona dominante, qué clase de relación de pareja, de amistad, de trabajador desarrollará ese niño-adulto?

De verdad, no es una crítica, sino una llamada a la reflexión y a ponernos al día sobre cómo educar, porque los matices en educación infantil SÍ SON IMPORTANTES.

Hazte y hazle un favor a ese niño con el que compartes casa o aula, no esperes que comparta por iniciativa propia hasta pasados los 4,5 años porque su cerebro no está en esta frecuencia modulada.Si de verdad quieres enseñar a los niños a que compartir es placentero, simplemente comparte con ellos y comparte con los que te rodean, focalízate en ti, no en el niño. TÚ ERES EL MODELO, aprende lo que ve en tí, no te quepa duda.

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¿Te animas a transmitir el valor de compartir de OTRA forma?

2 respuestas a “El resacón de los regalos navideños”

  • Entiendo lo que aquí se expone y es una idea que he leído varias veces y con la que estoy de acuerdo. Ahora, me gustaría saber qué planteáis a cómo se debe reaccionar en estos casos, porque tengo dudas.

  • “verde no, lo siguiente”…. jajaja, me encanta!
    COMPARTIR. En nuestro caso, con gemelos, la visión tiene una perspectiva tal vez un poco distorsionada, pues nuestros hijos ya empezaron a compartir con 27 meses (desde estos Reyes pasados, vamos…), sobretodo entre ellos, cosa que se agradece mucho en determinadas situaciones. ¿Cómo ha sucedido? Pues de forma espontánea, pero porque lo hemos ido fomentando poco a poco, de modo que fuera algo voluntario por su parte y ciertamente no es de un día para otro (llevamos más de 6 meses) pero al final se consigue…
    Ahora bien, en el parque o en casa del amigo “tal”, sus juguetes son suyos (de cada uno de ellos) y solo los intercambian o dejan si ellos quieren, es la manera de no tener rabietas instantáneas ni “diferidas”. Hay que respetar su decisión, sea cuál sea, y acompañarles, no guiarles.
    Me encanta leer de vez en cuando tus posts y así mantener vivo el espíritu de la disciplina positiva que nos inculcaste.
    Saludos.

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