Cuando aplicamos la pedagogía Montessori en el hogar los adultos hacemos un gran trabajo personal que conlleva cambio de chip muy importante para poder ver al niño desde una posición horizontal. Con ello estamos abiertos a que desarrollen todo su potencial sin volcar sobre ellos nuestro super-saber, ni nuestras experiencias o expectativas.


En mis talleres presenciales no me canso de repetir que es vital desarrollar la confianza en el niño y mostrar ante ellos una actitud que favorezca su autonomía y su sentimiento de sentirse capaz (“yo puedo!”).

Muchas familias llegan a mis talleres o a mi web en busca de un montón de juegos o materiales para tener “entretenido al niño”, pero en Montessori el juego es mucho más que un simple entretenimiento y consideramos el juego como la vía de aprendizaje de los niños.

Mucho antes que los materiales, en todas las casas tenemos un recurso excelente para que los niños trabajen: la cocina. Ese ambiente del que frecuentemente se aparta a los niños por ser un lugar “de adultos”. En Montessori, en cambio, la cocina acoge al niño y juega un papel crucial ya que en ella tenemos excelentes oportunidades para florecer aprendizajes y habilidades en los más pequeños. 

Pero, no sólo eso es un ambiente que nos permite cotas de concentración y satisfacción elevadas, sino que pone a los niños en contacto con su realidad más próxima para prepararlos para la vida.

A través de la cocina el niño puede experimentar con sus sentidos a través del contacto con los alimentos: colores, sabores, texturas, olores, formas y sonidos. Al mismo tiempo desarrolla su motricidad fina y gruesa en la realización de las actividades que requieren muchísimo trabajo de la mano y del cuerpo y que será la base para otros aprendizajes más complejos.

La satisfacción de prepararse un alimento para sí mismo o servirse agua por ejemplo, son impagables.

Puede parecer una tontería pero por ejemplo las cerezas son un tipo de fruta con riesgo de ahogo para los más pequeños, a mi hija le chifan y no dábamos abasto para quitarles la pepita mientras comía, y ella se enfadaba, como es natural ella quería ser autónoma con esto. Un tema que se soluciono con esta herramienta que nos regala momentos de elevada atención. Mirad el vídeo.

Como siempre comenzamos con propuestas que van de lo más simple a los más complejo y siempre basadas en un interés.


En un primer momento la mayoría de actividades en la cocina responden a una necesidad de autonomía que le permite ser independiente en sus necesidades de comida y bebida, pero poco a poco observamos cómo se desarrolla también en el niño el sentido más social y disfruta preparando cosas para los demás (preparar una rebanada untada, colaborando en las recetas, haciendo zumo, vertiendo agua o te para sus invitados…).

Desde el comienzo que el niño tiene cierta motricidad fina controlada en sus manitas le ponemos en contacto con herramientas de cocina reales: vasos de cristal, cubiertos de metal, cuchillos, todo adaptado al tamaño de sus manitas y a su seguridad.

El niño está entusiasmado en este entorno y se mueve como pez en el agua prefiriendo estos materiales reales y con objetivo real que no aquellas herramientas ficticias para niños.

El uso del cristal permite a los niños refinar su sentido del tacto, calibrar sus movimientos y dar valor al material que desde muy pequeño manipula con sumo cuidado. Lo mismo pasa con el uso de los cuchillos y como el adulto acompaña ofreciéndole según sus destrezas motoras los más adecuados para cada momento sin vulnerar la seguridad del niño y cultivando en él el cuidado por su propia salud, por lo que también aprende a manejarlos de con muchísima destreza.

Siempre, siempre, siempre el papel del adulto es el de observar y presentar al niño cómo se usa el material. Las presentaciones son muy importantes para un uso constructivo de las herramientas, podéis leer aquí por qué hacemos presentaciones.

En este artículo os hablé de cómo acompañamos en la presentación de instrumentos para comer.

Y aquí os mostré una actividad muy linda y que favorece muchísimo la concentración en la cocina.

Si me seguís en Facebook o Instagram como Mamilatte habréis visto un montón de cosas que nuestra hija È hace en la cocina, desde prepararse sus propios snack, a participar en algún punto de una receta o hacerla en su totalidad, hacer un zumo, cortar verduras, pelar y cortar frutas, servirse agua, lavar los platos…

Las posibilidades en una cocina son ricas e infinitas. La cocina en nuestra familia es un lugar de gozo y disfrute y en nuestra pequeña observamos cómo es uno de los puntos de mayor atracción dentro de las actividades del área de vida práctica que son las primeras y de las más ricas hacia las que se enfoca a un niño entre los 18 meses y los 6 años de edad.

El niño Montessori no ve trabajo pesado en estas tareas, sino que las realiza con un gran placer y con espíritu cooperativo en la familia y eso son valores que dejan huella en la implicación del niño en las tareas familiares. En mi consulta de psicología y en mis formaciones para padres siempre me encuentro con familias abatidas porque los pequeños o no tan pequeños no quieren colaborar en la logística familiar y debajo de eso solemos encontrarnos una primera infancia en la que el niño no se incluyó en este tipo de actividades o que se le transmitió poco placer en ellas.

Si queréis aplicar Montessori en vuestro hogar, no os agobies comprando materiales que no sepáis utilizar sin tener formación Montessori. Abrid y adaptar vuestras cocinas y veréis grandes hallazgos de autonomía y concentración.

Por eso hoy os traigo un recopilatorio muy completo de herramientas básicas de cocina adaptadas para que los niños puedan usarlas con total autonomía. Espero que os se de mucha utilidad.

Si quieres comprar alguno de estos productos basta con clickar encima de cada imagen y te llevará a la opción de compra.

¿Qué os ha parecido el recopilatorio? 

¿Echas en falta algo que creas básico para incluir? (soy toda oídos)

¿Quieres que te enseñe nuestra cocina en otro post?

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