Èlia vuela en globo muy alto gracias a mi amiga y fotógrafa Olga Pareja.
Hoy hace un año que te vi por
primera vez, después de unas cuantas horas de un trabajo de parto intenso y a
la vez vivido. Llegaste al mundo y nuestras miradas se cruzaron, nos miramos
detenidamente como nunca hasta ese momento había mirado a nadie. Tus ojos pequeños,
brillantes y vivarachos no dejaban de observar los míos, casi sin parpadear. No
sé lo que es amor a primera vista, pero creo que cuando la gente habla de ello
se refiere a esto.
En ese preciso instante, estabas
fuera de mi cuerpo. Desde entonces, hemos seguido siento una sola pieza, hasta hace bien
poco y nos encanta ser un tándem.
Los tres primeros meses, tu hábitat
fue mi pecho, fueron meses a flor de piel. Momentos de silencio, de olores, de
sensaciones inexplicables. Fueron meses en los que mi instinto desafió con
fuerza a cualquier ápice de sueño y cansancio.
No voy a mentir, no fueron meses nada
fáciles, pero el estar por y para ti, escuchar a mi instinto, dejar a las
hormonas hacer su trabajo oxitocínico, parar el tiempo, olvidar el reloj y las displicencias
sociales
me ayudaron a vencer al sueño y al agotamiento. Estaba exhausta, sí, pero no
lo acusaba, me sentía Hulk, es curioso cómo tú me cargabas las pilas, era un
trabajo de retroalimentación continua, mientras yo te alimentaba tú me estabas
alimentando a mí.
Vivimos juntas cada segundo y
cada milésima de segundo muy intensamente, y siempre les digo a las nuevas
mamás que esté primer periodo es mágico y hay que relajarse y vivirlo como si
no hubiera un mañana, porque todo es relativo. Yo opté por dejarme eclipsar por
lo bueno y vivir lo no tan bueno como algo complementario a lo anterior y desde
un sentimiento de aceptación.
Sí, a veces, son las 6 de la tarde
y no te has podido duchar o ir al wáter, o te encuentras comiendo deprisa y
corriendo a las 5 de la tarde. Ir con la ropa sin planchar, sin peinar o tener la casa con
una manta de polvo son sólo males menores si vives mamíferamente. Porque tu
supervivencia y nuestra supervivencia dependía única y exclusivamente de mí, de
nosotros.
Gracias a papá por ocuparse él de una pequeña parte de la logística y
ayudarnos a vivir todo este proceso de una manera plena y salvaje. Gracias señora
madre y abuela por traspasarme el relevo y la sensibilidad para poder vivirlo
así.
Llegamos al segundo trimestre y
comenzamos a relacionarnos más con el mundo exterior, aunque seguimos siendo
una. Empiezas a agudizar tu vista y tu tono muscular. Y afortunadamente pudimos
seguir sin relojes para poder acompañarte en el despertar de tus primeros
sentidos.
En el tercer trimestre, nos dimos
cuenta que habías dejado de ser un bebé y comenzabas a mostrarnos tus primeras
señales de autonomía.
Tuviste un ambiente libre para ver, tocar, llevarte a la
boca y descubrir y experimentar. Tus movimientos se volvieron más consciente y
voluntarios y descubriste el placer del comer y probar alimentos como
complemento a la leche de mamá.
Los 9 meses marcaron un punto de
inflexión en nuestra relación madre-hija, aunque nos había acompañado mucho y
hecho las cosas más fáciles, a partir de aquí incluimos a papa en nuestra
pequeña burbuja de una manera mucho más clara. En esta última parte del año tu
necesidad de movimiento ha sido el punto álgido, eres una gran acróbata en
total libertad
y has pasado de sentarte tu sola, al pregateo, al gateo y a
levantarte sin ayuda y a dar tus primeros pasos, alucinante evolución.
A las nuevas o futuras mamás les
quiero contar que si hoy fuera hace un año, repetiría todo, absolutamente todo
lo vivido, una y mil veces.
Porque no todo es color de rosa, pero tú, mamá que
me estás leyendo, sólo tú con tu voluntad y tu amor, desde tu yo más interior
puedes dejar salir tu instinto y disfrutar el instante, sin odios, sin
rencores, sin anhelar el pasado, porque mañana, sin haber podido darte cuenta,
muchos de esos instantes pasarán de un plumazo y te arrepentirás de que se
hayan esfumado o no los habrás podido valorar, vívelos con humor y amor. Porque
la maternidad debe ser tu único objetivo: ámala! Abrázala!
Porque estos 365 días a tu lado,
Èlia, han sido los  días más intensos de
mi vida y los más fructíferos. Y es que cuando eres madre, tienes ante ti un
tesoro de valor inconmensurable: la vida en estado puro.
Un espectáculo indescriptible
que sólo una mujer y madre tiene la gran oportunidad y ventaja de conocer, los
milagros de la maternidad.
No me arrepiento de haberla
aprovechado al máximo, no me arrepiento para nada de no tener la misma vida que
tenía antes, no me arrepiento para nada de haber hecho oídos sordos a críticas
y juicios sobre mi forma de crianza, no me arrepiento para nada de haber dejar
de lado mis intereses, porque desde que llegaste al mundo mis intereses son los
tuyos y eso está por encima de todo y de todos.
Sólo así, puedo decir que me he
disfrutado de una maternidad plena, con sus penas y sus glorias, pero en
plenitud.
Gracias Èlia por enseñarme los
nuevos caminos de la vida, por dejarme no sólo verte crecer sino por hacer que
yo crezca cada día como persona. Por ayudarme a centrarme en las cosas y
personas verdaderamente importantes, por enseñarme a relativizar, por ganar en
eficacia y capacidad multitarea, y sobre todo por enseñarme a vivir desde el
presente.
Gracias hija, porque cada día
junto a ti, cada momento contigo, es una celebración vital: vivámosla!!!
Foto de nuestra família realizada por nuestra amiga y fotógrafa Olga Pareja

3 respuestas a “Un año de vida extrauterina.”

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